Hablando claro, no sirven para nada. Es una pena esperar al última día de la Navidad para publicar este post, pero es que tengo que ir soltando balas con cautela, no vaya a disparar a alguien y hacerle pupa.
Cuando se sacan las cajas de bombones, generalmente a los invitados o porque se los han regalado a alguien cercano (conmigo nunca tienen esos detalles, ni ningunos otros), podemos observar que en la tapa suele venir una foto y un párrafo intentando explicar sin éxito a qué sabe cada dulce. Son más o menos así:
Exquisito bombón de praliné con corazón de almendra natural caramelizada cubierto por suaves cacaos aromatizados con sabrosas frutas del bosque.
Y nosotros (o al menos yo), que no tenemos ni puta idea de qué cojones es el praliné, o cómo una almendra no puede ser natural y para qué el aroma del cacao lo tapan con otros olores a arbustos, nos convencemos de que está bueno. Y lo coges, porque queda otro igual y sabes que si te gusta puedes repetir, o si no, advertir de que está malo. pero al primer mordisco no reconoces ni almendra y recuerdas que a ti las bayas nunca te han gustado.
Vuelves a mirar la caja, te saboreas el paladar sin conseguir adivinar qué leches sigue siendo el praliné. Dejas la caja en la mesa, buscas un boli, tachas la palabra exquisito.
Ayer, y cuando digo ayer me refiero al sábado, no es culpa mía que leáis esto a partir de la mañana siguiente a la que se escribe y no de madrugada que es cuando se publica, me corté el pelo. En casa lo han llamado “quitarme la bisbalada”. Por mi parte, como suele ser normal, estoy bastante cabreado con el resultado, siempre me parece demasiado corto.
Como todo vídeo setentero tiene unos momentos lolailos que asustan, pero son soportables debido a la exquisita canción de Physical Graffiti. Vivió una segunda juventud hace diez años cuando un rapper wopper la utilizó para fusionarla con su canto de la calle (ahá) en la banda sonora de Godzilla, ¿mi opinión? La canción quedó más destrozada que Nueva York.
Son enormes. No, son jodidamente enormes. De hecho, ¿qué diablos entienden en América por XL? De verdad, son muy grandes.
Debido a una concatenación de descuentos terminé haciendo un pedido a Allposters (concretamente la versión británica, que era la que más barato me salía). Mirando el catálogo por encima, no había estado mucho tiempo en esa tienda hasta el día de la compra, veo que es uno de los pocos sitios donde venden camisetas de grupos musicales que no te da vergüenza llevar. Es decir, que sus dibujos o logotipos no son tan llamativos como los de las típicas camisetas guarras de jebis litroneros, de las que no relacionan absurdamente Led Zeppelin con Manowar y grupos de segunda clase.
Apenas llevamos unas horas del año y ya me aventuro a decir que he visto la que posiblemente sea la mejor película de 2009, Gran Torino.
Hace unos días que nos la recomendó Malkav y ha terminado de descargarse hoy. A pelo: sin subtítulos ni doblajes, como debe de ser. A los pocos minutos ya pillas las voces y los acentos de todos.
La trama es maravillosa, los personajes están perfectamente dibujados y Clint sigue siendo mi héroe. Consiguió hacerme disfrutar como pocas veces con el dúo japonés Banderas de nuestros padres - Cartas desde Iwo Jima. Merece la pena que le echéis un vistazo, y encima gratis.
Ayer lunes fui a El Corte Inglés a canjear la pasta acumulada, unos 15€, en la tarjeta DobleCero, como no tenía mucha idea de qué comprar para dejar de sentir el estúpido agobio de perder los 15 pavos (una sensación que los cerebros de ECI saben conseguir con asombrosa soltura, pues no pierdes nada, pero se parece a echar a la basura un dinero que has ganado, y te dejas comer el tarro).
La cosa fue así, cogí el bus y sin saber muy bien cómo terminé de charleta con Juan Antonio Quintana, que por el nombre no te dice nada, pero es el actor que hacía de abuelo en Ana y los siete. No debería sorprenderos porque pasa mucho tiempo en Valladolid. En fin, ya me había cruzado con él en alguna ocasión y casualidades de AUVASA ayer comentamos el clima, la marea de gente que puede moverse y caber en un autobús y si había visto El Habano, donde salía él (no, no lo he visto). Un hombre muy simpático.